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Tratar a todos igual no es lo mismo que tratar a todos con respeto

Sin empatía generacional, el respeto en tu empresa es solo una declaración en la pared.

Ya conviven cuatro generaciones en una misma empresa. Sí, ¡cuatro! Hablamos de Baby Boomers, Generación X, Millennials y Generación Z, trabajando codo a codo, en las mismas reuniones, bajo el mismo techo.

En uno de mis talleres, con no más de 15 personas en la sala, propuse un ejercicio simple: levantar la mano según la generación a la que pertenecía cada uno. Por sorpresa de todos, confirmé la regla: las cuatro estaban ahí. Una conversación que nadie había tenido antes, aunque llevaban años trabajando juntos.

Carina facilitando un taller de Respeto en Acción

Casi 20 años hablando de respeto en las organizaciones

Empecé a facilitar el programa Respeto en el lugar de trabajo en DuPont en 2008; lo llamábamos “Expect Respect”. En ese momento, el desafío era claro: seguir desarrollando una cultura donde ciertas conductas no tuvieran lugar. Había límites que trazar, lenguajes que revisar, comportamientos que nombrar. Todo ese trabajo nos permitió fortalecer, aún más, el valor corporativo “Respeto por las personas”, que no solo aparecía sublimado en las paredes de la oficina y en las declaraciones de nuestro CEO, sino que se vivía en cada jornada laboral, en cada decisión, en cada momento en que alguien elegía cómo tratar al otro.

Cuando lo llevé a IFF en 2022, el mundo ya era otro. No porque el respeto hubiera dejado de importar: al contrario. Sino porque el escenario había cambiado de una manera que pocas organizaciones habían procesado del todo. Por primera vez en la historia, cuatro generaciones estaban conviviendo en los mismos equipos.

Baby Boomers, Generación X, Millennials y Generación Z. Cuatro formas de entender el trabajo. Cuatro formas de comunicarse. Cuatro formas de dar y recibir feedback. Cuatro formas de entender qué significa ser reconocido, incluido, respetado.

Y ahí estaba el nudo.

El problema con la Regla de Oro

Todos conocemos la Regla de Oro que aprendimos de chicos: tratá a los demás como querés que te traten.

Es un buen punto de partida, ¿no? Nadie lo discute. Pero tiene una trampa silenciosa: asume que el otro quiere lo mismo que vos.

Un líder de la Generación X puede creer profundamente en el respeto y aun así gestionar desde la distancia, sin feedback frecuente, confiando en que su equipo interprete esa autonomía como una señal de confianza. Y tiene razón: para alguien de su generación, probablemente lo sea.

Pero un Millennial, en ese mismo equipo, puede leer exactamente lo mismo como indiferencia, como falta de interés o como invisibilidad.

¿Quién tiene razón? Los dos. Y ninguno.

El salto que lo cambia todo: la Regla de Platino

La Regla de Platino viene a contarnos algo distinto: tratá a los demás como ellos quieren ser tratados.

El cambio parece sutil, pero no lo es. Porque implica algo que cuesta más de lo que parece: salir de tu propio marco de referencia y preguntarte genuinamente cómo el otro interpreta el mundo. En un equipo multigeneracional, eso se traduce en preguntas concretas:

  • Cómo quiere recibir feedback: en el momento o agendado, en privado o sobre la marcha.
  • Qué expectativas tiene de su vida profesional y de su crecimiento.
  • Qué necesita para sentirse incluido, y qué entiende, exactamente, por respeto.

En un equipo multigeneracional, esto no es un ejercicio filosófico. Es una habilidad concreta, que se aprende y se practica.

Tres gestos para empezar esta semana:

  • Preguntá, no asumas: antes de dar una devolución, preguntá cómo prefiere recibirla la otra persona. A algunos les sirve en el momento; otros necesitan procesarla a solas.
  • Revisá tus canales: lo que para vos es “dar autonomía” puede leerse como abandono. Chequeá si tu silencio se entiende como confianza o como desinterés.
  • Poné el tema sobre la mesa: nombrá la convivencia generacional en voz alta con tu equipo. Lo que no se conversa, se asume; y casi siempre se asume mal.

Cuando en el taller empezamos a trabajar esto, a nombrar las diferencias sin jerarquizarlas y a entender que ninguna generación tiene el monopolio de “la forma correcta”, algo se destrababa. Las conversaciones empezaban a fluir, a cambiar de tono. Los juicios se volvían curiosidad.

Eso es, justamente, respeto en acción.

Placa del taller Respeto en Acción, facilitado por Carina Aristondo

Una pregunta para llevarte

¿Sabés cómo quiere ser tratada cada persona de tu equipo? ¿O asumís que quieren lo mismo que vos?

Si la respuesta te genera, aunque sea un momento de duda, ya estás en el lugar correcto para empezar.

Si querés trabajarlo con una mirada externa y profesional, conversemos.

¿Querés ordenar la gestión de personas en tu empresa?

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